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La Corte impulsa una política comunicacional contra la desinformación

La Corte Suprema de Justicia busca dar un nuevo paso en la modernización de su política comunicacional, con el objetivo de fortalecer la capacidad institucional del Poder Judicial para brindar información fidedigna, oportuna y contextualizada a la ciudadanía, en un escenario marcado por la circulación inmediata de contenidos y el avance de la desinformación.

La iniciativa, impulsada por la ministra Carolina Llanes, responsable del área de comunicación, fue presentada ante el pleno de la máxima instancia judicial para su socialización y apunta a avanzar hacia una implementación gradual y realista, aprovechando y fortaleciendo las capacidades existentes en la Dirección de Comunicación.

Uno de los aspectos que se encuentra bajo análisis es la eventual incorporación de una figura de vocería institucional, que permita al Poder Judicial contar con una voz claramente identificada para comunicar determinados asuntos de interés público y ofrecer explicaciones oficiales ante situaciones que puedan generar confusión o interpretaciones alejadas de los hechos.

La propuesta parte de una premisa: el escenario en el que las instituciones comunican cambió radicalmente. La información ya no circula únicamente a través de los medios tradicionales, sino que se difunde de manera inmediata, fragmentada y, en muchos casos, sin el contexto necesario. En ese ecosistema conviven hechos comprobados con opiniones, contenidos incompletos, medias verdades, historias sacadas de contexto y directamente información falsa.

En este contexto, la Corte Suprema considera necesario fortalecer su capacidad para convertirse en una fuente confiable de información sobre el funcionamiento de la Justicia, proporcionando datos verificados y explicaciones que permitan a la ciudadanía comprender las decisiones y actuaciones del Poder Judicial.

“A partir de esta política de comunicación pretendemos combatir la desinformación”, sostuvo Llanes al presentar la iniciativa a sus pares.

La ministra recordó que la Acordada N.º 9.990, que aprueba la política de comunicación del Poder Judicial, constituye el punto de partida de una serie de trabajos que ahora buscan traducirse en una etapa de implementación concreta.

“Proponemos entonces avanzar un paso más para la implementación de manera gradual y realista, aprovechando y fortaleciendo las capacidades existentes en nuestra Dirección de Comunicación”, explicó.

Llanes puso especial énfasis en la transformación del entorno informativo y en los desafíos que representa para una institución como el Poder Judicial. La velocidad con la que circulan los contenidos hace que una información pueda alcanzar a miles de personas antes de que exista una explicación oficial, mientras que una versión incompleta o falsa puede instalarse con rapidez en la opinión pública.

“Conviven hechos, opiniones, contenidos incompletos, medias verdades, historias sacadas de contexto y también información falsa que pulula en el ambiente”, advirtió.

Frente a esta realidad, la propuesta busca que el Poder Judicial no se limite a difundir sus actividades, sino que desarrolle una comunicación institucional capaz de verificar, aclarar, explicar y aportar contexto.

“La verdad está en crisis. Aclarar, explicar”, resumió Llanes al plantear la necesidad de que la institución asuma un papel más activo frente a los contenidos que circulan en el espacio público.

La iniciativa adquiere especial relevancia en el ámbito judicial, donde decisiones, resoluciones, procesos y actuaciones pueden ser objeto de interpretaciones, lecturas parciales o versiones interesadas. Para la Corte Suprema, una comunicación institucional sólida constituye también una herramienta para acercar la Justicia a la ciudadanía y evitar que el desconocimiento sobre determinados procedimientos o decisiones sea ocupado por versiones carentes de sustento.

Llanes señaló además que existen sectores que buscan “tergiversar e instalar historias falaces”, en ocasiones motivados por intereses que, según indicó, no necesariamente guardan relación con la administración de justicia.

La nueva política comunicacional pretende, precisamente, disputar ese espacio mediante información oficial, verificable y contextualizada. El desafío no se reduce a comunicar más, sino a comunicar mejor y con mayor capacidad de respuesta ante la desinformación.

De esta manera, la Corte Suprema plantea una actualización de su estrategia comunicacional acorde con las características del mundo digital. La meta es que el Poder Judicial fortalezca su presencia institucional en ese entorno y que la ciudadanía tenga acceso directo a información confiable sobre lo que hace uno de los poderes del Estado, cómo funciona y los servicios que presta en la sociedad.

La propuesta presentada por Llanes ante el pleno representa así un paso hacia una concepción más moderna de la comunicación judicial: una herramienta no solo destinada a informar sobre la actividad institucional, sino también a proteger la calidad de la información pública, combatir la desinformación y contribuir a que la ciudadanía pueda formarse una opinión sobre la Justicia a partir de hechos y contextos verificables.

Binder pide freno al abuso de la prisión preventiva

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El excesivo uso de la prisión preventiva y la necesidad de establecer mayores controles sobre su aplicación fueron algunos de los principales puntos abordados por el penalista argentino Alberto Binder, asesor externo del Centro de Estudios Judiciales, durante su exposición en la Jornada 2, denominada «Nuevos Desafíos del Sistema Penitenciario».

Durante su intervención, Binder planteó la necesidad de generar condiciones más concretas para el litigio de las medidas cautelares, especialmente en lo relacionado con el tiempo de permanencia de una persona en prisión preventiva. En ese sentido, sostuvo que el Ministerio Público debería precisar no solo los fundamentos por los cuales solicita la privación de libertad, sino también el periodo durante el cual considera necesario mantener vigente la medida.

El experto explicó que una alternativa para enfrentar el problema no necesariamente requiere una reforma legislativa, sino un uso más efectivo de las herramientas que ya contempla el sistema procesal. Como ejemplo, mencionó la experiencia argentina, donde el debate sobre la duración de la prisión preventiva permitió desarrollar un litigio específico en torno al tiempo de permanencia en prisión.

“Se aplica un tiempo de prisión preventiva”.

Binder señaló que los plazos establecidos en la legislación procesal constituyen límites máximos, pero no impiden que los jueces determinen periodos concretos de duración de la medida, de acuerdo con las circunstancias de cada caso.

“Los jueces siempre tenían posibilidad de fijar los tiempos”, afirmó al explicar que, en Argentina, el debate sobre la duración de la prisión preventiva se fue consolidando sin necesidad de introducir modificaciones legislativas.

El penalista sostuvo que esta experiencia puede resultar útil para Paraguay, debido a que el Código Procesal Penal paraguayo también establece plazos máximos para la prisión preventiva. A su criterio, el desafío consiste en utilizar esas disposiciones como base para un verdadero litigio sobre la necesidad y duración de la medida cautelar.

Control de la imputación

Otro de los aspectos destacados por Binder fue la necesidad de mejorar lo que denominó el “litigio de admisión del caso”, vinculado al control judicial de la imputación formal presentada por el Ministerio Público.

“En realidad, nos falta acá mejorar lo que llamamos el litigio de admisión del caso; es decir, el control de imputación formal del Ministerio Público”, expresó.

Para el especialista, fortalecer esta instancia permitiría discutir de manera más rigurosa los fundamentos de una imputación antes de que la prisión preventiva termine funcionando, en la práctica, como una respuesta automática frente a una acusación penal.

Binder advirtió además sobre las consecuencias que puede generar el uso excesivo de la prisión preventiva dentro de un sistema penitenciario que ya enfrenta problemas de hacinamiento y criminalidad organizada.

“Convertimos las cárceles en el centro donde se cometen delitos. Ahí se empeora todo”, sostuvo.

En esa línea, cuestionó que las cárceles puedan terminar funcionando como espacios desde los cuales organizaciones criminales continúan operando. “Si vamos a tener las cárceles de tal manera, entonces se las entregamos a las mafias para que sigan cometiendo delitos, pero más graves; para que sigan manejando el narcotráfico, extorsionando a la gente”, afirmó.

El planteamiento del penalista apunta, en definitiva, a que la prisión preventiva recupere su carácter estrictamente cautelar y deje de convertirse en una pena anticipada. Para ello, consideró fundamental que cada solicitud de privación de libertad sea sometida a un debate efectivo sobre sus fundamentos, necesidad y duración.

La experiencia argentina expuesta por Binder muestra, según su análisis, que los jueces pueden ejercer un mayor control sobre el tiempo de la prisión preventiva dentro del marco legal existente. En Paraguay, el desafío estaría en llevar esa posibilidad al terreno concreto del litigio, obligando a las partes a discutir no solamente si corresponde aplicar la medida, sino también por cuánto tiempo y con qué fundamentos específicos.

Leticia Casaccia, una gestora nata en defensa de las víctimas de la mafia de pagarés

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La defensa de las víctimas del esquema conocido como la “mafia de pagarés” tiene en la defensora pública Leticia Casaccia a una profesional que no se limita a esperar los tiempos de los expedientes. Con una marcada vocación de servicio y un compromiso que trasciende el trabajo de escritorio, la abogada acude personalmente a los juzgados y acompaña a sus representadas en el seguimiento de cada proceso, impulsando las actuaciones necesarias para obtener respuestas judiciales.

Su desempeño vuelve a quedar reflejado en resultados concretos para las personas afectadas. En esta oportunidad, Casaccia logró levantar cuatro embargos que pesaban sobre Catalina Fleitas, además de conseguir avances favorables para Eulogia Olmedo, en cuyos procesos se obtuvo una orden de pago, mientras que otra se encuentra pendiente.

A estos resultados se suma el avance de la causa luego de que prosperara también el incidente de nulidad planteado por la abogada del Estado, un paso procesal que representa un nuevo impulso dentro de la compleja batalla judicial que enfrentan las víctimas.

El trabajo de Casaccia se caracteriza por una particular forma de ejercer la defensa pública: presencia constante, seguimiento directo y gestión activa ante los órganos jurisdiccionales. Es habitual verla acudir personalmente a los juzgados junto a sus representadas para interiorizarse del estado de los expedientes, promover las actuaciones pendientes y procurar que los procesos no queden paralizados.

Esa cercanía le ha valido un amplio reconocimiento entre las víctimas a las que representa. Quienes recurren a su asistencia destacan no solamente su solvencia profesional, sino también su calidad humana, responsabilidad y compromiso al asumir causas especialmente sensibles, en las que detrás de cada expediente existen personas que han sufrido consecuencias económicas y personales.

En el caso de la denominada “mafia de pagarés”, donde numerosas víctimas buscan recuperar bienes, levantar medidas cautelares y obtener respuestas frente a situaciones que consideran injustas, la labor de la defensora pública adquiere especial relevancia.

Más allá de los resultados puntuales, el desempeño de Casaccia muestra el valor de una defensa que acompaña, gestiona y da seguimiento de manera permanente. Su presencia activa en los tribunales y el acompañamiento directo a las víctimas convierten a la profesional en una pieza fundamental para quienes esperan que sus reclamos finalmente encuentren una respuesta en la Justicia.

Los últimos resultados el levantamiento de cuatro embargos para Catalina Fleitas, la orden de pago obtenida para Eulogia Olmedo y el avance de los demás trámites vuelven a poner de manifiesto una característica que sus representadas conocen de cerca: Casaccia es una gestora nata, que asume cada expediente con responsabilidad y no duda en ir personalmente detrás de las respuestas que sus defendidas necesitan.

La Justicia tiene un papel determinante ante los ataques a la prensa, afirman

En un escenario donde ejercer el periodismo implica enfrentar nuevas formas de hostigamiento, amenazas y campañas de desprestigio, la respuesta de la Justicia adquiere una importancia decisiva. Así lo sostuvo la especialista en derechos humanos Alejandra Peralta Merlo, en una entrevista exclusiva con Judiciales Net, al analizar la responsabilidad del Poder Judicial frente a los hechos de violencia cometidos contra periodistas y medios de comunicación.

Para la experta, la violencia contra quienes ejercen la comunicación no debe ser entendida únicamente como un ataque individual. Cuando un periodista es amenazado, perseguido o silenciado, también se afecta el derecho de la sociedad a recibir información, especialmente cuando se trata de asuntos de interés público.

Peralta explicó que la prevención de estos hechos debe abordarse desde distintos frentes, pero puso especial énfasis en la lucha contra la impunidad. En ese sentido, consideró fundamental el papel de jueces y juezas al momento de juzgar y establecer responsabilidades.

“La labor del juez y de la jueza al sentar precedentes con sentencias ejemplares es fundamental para enviar ese mensaje de no impunidad”, afirmó.

Cuando el miedo termina silenciando al periodista

La especialista advirtió que la violencia contra la prensa no comienza necesariamente con un ataque físico. Puede manifestarse a través de amenazas, hostigamientos, campañas de desprestigio o acciones destinadas a desacreditar a quienes investigan y publican información sobre corrupción, crimen organizado o cuestiones que incomodan al poder de turno.

Estas prácticas, sostuvo, pueden convertirse en mecanismos de censura indirecta.

El efecto puede ser tan poderoso como una prohibición expresa: el periodista deja de investigar o publicar por temor a represalias contra sí mismo o contra su familia, o ante la presión constante que busca desgastar su credibilidad.

En un entorno digital cada vez más agresivo, donde las campañas de intimidación y desprestigio pueden multiplicarse rápidamente, esta problemática adquiere una nueva dimensión.

El ataque contra un periodista afecta a toda la sociedad

Uno de los puntos centrales del análisis de Peralta es que la víctima de la violencia no es únicamente el comunicador.

La especialista recordó el precedente establecido en el caso de Santiago Leguizamón, reconocido en una sentencia internacional contra Paraguay, para explicar que la violencia ejercida contra un periodista también alcanza a todas aquellas personas que dejan de recibir la información que ese profesional tenía la posibilidad de comunicar.

“No se ejerce una violencia de manera individual contra el periodista, sino contra todas aquellas personas que no pueden acceder a esa información que es transmitida por ese comunicador”, sostuvo.

La consecuencia es particularmente grave cuando se trata de información de interés público. Si una amenaza consigue que un periodista calle, el efecto trasciende su esfera personal: la sociedad pierde una fuente de información y, con ella, una herramienta para ejercer control ciudadano sobre quienes detentan poder.

La Justicia como garantía frente a la impunidad

En este contexto, Peralta considera que una respuesta judicial efectiva puede cumplir una función que va mucho más allá de sancionar a los responsables de un hecho concreto.

Una investigación seria, una sentencia fundada y una sanción cuando corresponda pueden transmitir un mensaje claro: amenazar, atacar o intentar silenciar a un periodista no puede quedar impune.

“Los trabajadores de la prensa en el ejercicio de la libertad de expresión, que a su vez le permite a la ciudadanía acceder a información de interés público, no están solos”, afirmó.

Para la especialista, el Poder Judicial debe demostrar que existe una institucionalidad capaz de proteger el ejercicio de la libertad de expresión y de responder frente a quienes intentan utilizar la violencia para impedir la difusión de información.

Libertad de expresión, una defensa de la democracia

El análisis de Peralta coloca a la Justicia ante una responsabilidad que excede la resolución de un caso particular. Cuando un periodista es atacado por su trabajo, está en juego también el derecho de la ciudadanía a estar informada.

“El trabajo de la Justicia es determinante para salvaguardar el derecho de la libertad de expresión, que es la piedra angular de la democracia y de todos los ciudadanos que tienen derecho a acceder a información de interés público”, remarcó.

En tiempos en que las amenazas pueden llegar desde una pantalla, multiplicarse en redes sociales y convertirse en campañas sistemáticas de intimidación, la advertencia resulta especialmente relevante: la defensa del periodismo no es solamente la defensa de quienes trabajan en los medios, sino la protección del derecho de toda la sociedad a conocer, cuestionar y decidir sobre aquello que ocurre en su entorno.

Por eso, para Peralta, esclarecer los ataques contra periodistas y establecer responsabilidades no es un acto meramente reparador. Es también una forma de prevenir nuevas agresiones, combatir la censura indirecta y fortalecer las garantías que sostienen a una sociedad democrática.

Condenan a seis años de prisión a exalumno del ASA

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Un Tribunal de Sentencia condenó a seis años de prisión a un exalumno del Colegio Americano de Asunción (ASA), tras encontrarlo penalmente responsable de un hecho de abuso sexual en personas indefensas.

El colegiado estuvo integrado por la jueza Lourdes Garcete, y sus colegas Juan Francisco Ortiz y Manuel Aguirre, quienes resolvieron mantener el arresto domiciliario con tobillera electrónica que pesa sobre el condenado hasta tanto la sentencia quede firme.

La decisión fue adoptada luego de un juicio oral en el que el Tribunal analizó los elementos probatorios incorporados al proceso y concluyó que quedaron acreditados la existencia del hecho, la participación del acusado y su responsabilidad penal.

Entre los elementos valorados por el colegiado se encuentra el testimonio de la víctima, además de las demás evidencias producidas durante el debate.

El relato fue considerado en conjunto con dos evaluaciones psicológicas, una de las cuales incluyó un análisis de credibilidad del testimonio. El colegiado también identificó un patrón de comportamiento en el acusado, además de otros elementos que fueron considerados para sustentar la decisión adoptada.

El acusado era adolescente al momento del hecho

El proceso presenta una particularidad: el condenado era menor de edad al momento de los hechos, por lo que el caso se tramitó bajo las disposiciones legales especiales destinadas a preservar la identidad, intimidad y privacidad de los adolescentes involucrados.

En consecuencia, el juicio oral no fue de acceso público general y la difusión de nombres, imágenes u otros datos que pudieran permitir la identificación de los adolescentes se encuentra restringida.

Durante el análisis de la responsabilidad penal, el Tribunal concluyó además que, al momento de producirse el hecho, el adolescente contaba con madurez psicosocial suficiente para comprender el carácter prohibido de su conducta y tenía capacidad para actuar conforme a ese conocimiento.

La declaración de responsabilidad había sido adoptada previamente por unanimidad por los integrantes del Tribunal, quienes ahora establecieron la pena de seis años de privación de libertad.

La medida de arresto domiciliario con monitoreo electrónico se mantendrá mientras la condena no adquiera firmeza, conforme a lo resuelto por el colegiado.

Especialistas reclaman actualizar el sistema de seguridad social

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La crisis financiera y demográfica de los sistemas de seguridad social fue analizada durante el Congreso de la Asociación Iberoamericana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social “Guillermo Cabanellas”, en un panel que reunió a especialistas paraguayas para abordar los principales desafíos y posibles soluciones.

El encuentro fue moderado por la doctora Lorena Segovia, quien señaló que el objetivo era realizar un diagnóstico y plantear respuestas ante las nuevas problemáticas que enfrenta la seguridad social.

Participaron Vanessa Cubas, gerente de Prestaciones del IPS, y Griselda Mariel Figueredo de Giménez, superintendenta de Jubilaciones y Pensiones del Consejo de Seguridad Social.

Cubas reivindica la autonomía de la seguridad social

Cubas destacó la necesidad de fortalecer el estudio de la seguridad social como una rama autónoma del derecho y reclamó que sea incorporada como asignatura específica en las universidades paraguayas.

“Quiero reivindicar la autonomía del derecho a la seguridad social”, sostuvo, al recordar que se trata de un derecho humano fundamental reconocido en instrumentos internacionales y en la Constitución Nacional de 1992.

La especialista consideró que el sistema jurídico debe acompañar los cambios sociales y laborales. “Las instituciones deben acompañar la evolución de las instituciones y de las nuevas formas de trabajo. La legislación no puede ser estática”, afirmó.

Para Cubas, los avances tecnológicos y las nuevas modalidades laborales obligan a revisar las normas y realizar ajustes que permitan mantener vigente la protección social.

Figueredo advierte sobre un sistema fragmentado

Por su parte, Griselda Mariel Figueredo de Giménez centró su exposición en la estructura actual del sistema previsional paraguayo y en las profundas transformaciones que modificaron las condiciones bajo las cuales fueron creadas varias de las cajas de jubilaciones.

“Tenemos diferentes leyes que se crearon en diferentes etapas de nuestro país, tenemos cajas muy fraccionadas, es muy heterogéneo el tipo de servicio que otorgan”, explicó.

Señaló que muchas de estas normas fueron sancionadas en las décadas de 1910, 1950 y 1960, cuando la realidad demográfica y laboral era completamente distinta.

Según explicó, en aquel entonces era posible proyectar jubilaciones a edades más tempranas porque había muchos más aportantes que jubilados y se esperaba un crecimiento sostenido de la población trabajadora.

“Concebir una jubilación a los 50 años con 25 años de aporte era algo totalmente natural, porque los jubilados eran los menos y los aportantes eran los más”, indicó.

La realidad actual, sin embargo, está marcada por familias menos numerosas, cambios en el mercado laboral y una creciente incorporación de tecnología que sustituye determinados puestos de trabajo y puede afectar la cantidad de aportantes.

Figueredo sostuvo que las normas no necesariamente fueron erróneas para el contexto en que fueron creadas, pero advirtió que deben ser revisadas a la luz de las nuevas circunstancias.

“Hay que saber acompañar con toda la tecnología”, afirmó, y planteó la necesidad de incorporar un enfoque técnico que permita evaluar periódicamente la sostenibilidad de los sistemas.

“Hay que darle un aporte más técnico para realizar las evaluaciones a medida que la sociedad evoluciona”, concluyó.

El debate dejó como principal desafío la necesidad de construir una seguridad social sostenible, capaz de responder a los cambios demográficos, tecnológicos y laborales sin apartarse de su finalidad esencial: garantizar la protección social como un derecho fundamental.

Prisión Preventiva: el desafío es cumplir las normas, afirma Llanes

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La ministra de la Corte Suprema de Justicia, Carolina Llanes, puso el foco en uno de los principales problemas que atraviesa actualmente el sistema penal paraguayo que a su vez, impacta en el sistema penitenciario: el uso excesivo de la prisión preventiva, cuya aplicación según sostuvo se ha alejado de su carácter excepcional establecido por la Constitución Nacional y las normas procesales.

Durante la Jornada 2, denominada “Nuevos Desafíos del Sistema Penitenciario”, organizada por el Centro de Estudios Judiciales (CEJ) y financiado por la Unión Europea, Llanes habló con particular franqueza sobre las dificultades que enfrenta el sistema y cuestionó la resistencia de parte de la magistratura a aplicar los estándares normativos vigentes.

Para la ministra, el desafío del sistema penal ya no pasa únicamente por modificar las leyes. “El gran desafío fue la transformación del sistema normativo, hoy el gran desafío entre otros es el cumplimiento del sistema normativo vigente”, afirmó, al advertir que Paraguay cuenta con un marco constitucional, procesal y de ejecución penal suficientemente claro respecto de los fines de la prisión y de las condiciones en que puede disponerse el encarcelamiento preventivo.

Llanes recordó que la Constitución establece finalidades concretas para la pena privativa de libertad: la protección de la sociedad y la posterior reinserción social de las personas condenadas. En ese sentido, sostuvo que el Código Procesal Penal y el Código de Ejecución Penal desarrollan mecanismos destinados a hacer operativas esas garantías.

Pero la realidad penitenciaria muestra una profunda distancia entre lo que establecen las normas y lo que ocurre en la práctica.

La ministra señaló que alrededor del 60% de la población penitenciaria se encuentra en prisión preventiva, un dato que, a su criterio, debería constituir el punto de partida para diseñar una política criminal de largo plazo, que no dependa de los cambios de gobierno.

“Tenemos que partir de esos datos para trazar una política criminal que dure más allá de los gobiernos”, sostuvo.

Una cárcel que cambió y un Estado que debe adaptarse

Llanes también planteó que el sistema penitenciario enfrenta una realidad diferente a la de décadas atrás. Las cárceles paraguayas ya no están integradas exclusivamente por personas provenientes de sectores vulnerables involucradas en delitos comunes.

“Los tiempos cambiaron, los problemas son otros”, expresó la ministra, quien reconoció que actualmente los establecimientos penitenciarios también albergan a personas vinculadas con organizaciones criminales que, incluso desde prisión, continúan manejando grandes negocios.

“Hoy las cárceles no solo están llenas de pobres, también por personas pertenecientes al crimen organizado que siguen manejando grandes negocios desde sus lugares. Esa es una realidad que debemos reconocer y administrar”, afirmó.

La reflexión introduce una de las mayores complejidades de cualquier política penitenciaria moderna: garantizar los derechos y las garantías constitucionales sin desconocer la capacidad operativa de estructuras criminales que pueden continuar actuando desde el interior de los establecimientos penitenciarios.

Para Llanes, esta problemática no puede ser abordada únicamente desde el Poder Judicial o desde el sistema penitenciario. Requiere una respuesta coordinada de todo el Estado.

“Esta problemática debe encararse de manera conjunta con todas las agencias del Estado”, manifestó, al insistir en la necesidad de una gestión integral y social que permita atacar las causas que llevan a la utilización excesiva de la prisión preventiva.

El temor a dejar en libertad

Uno de los pasajes más contundentes de su intervención estuvo relacionado con los factores que, en la práctica, terminan condicionando las decisiones judiciales.

Llanes cuestionó que, al analizar las razones por las cuales se dispone una prisión preventiva, muchas veces no aparecen fundamentos reales que justifiquen una medida que, conforme al sistema normativo, debería ser excepcional.

La ministra describió un escenario en el que la presión social y mediática puede convertirse en un factor determinante para los jueces.

“De repente, un titular de un medio de Twitter o algún medio que hoy día dominan nuestra comunicación donde se plantea una noticia catástrofe porque un juez aplicó la medida alternativa y el Jurado de Enjuiciamiento inmediatamente ya te inicia una investigación”, relató.

Su planteamiento apunta a una contradicción preocupante: mientras las normas establecen criterios y límites para la prisión preventiva, los operadores judiciales pueden percibir que otorgar una medida alternativa a la prisión genera un riesgo institucional o mediático mayor que disponer el encarcelamiento.

En ese contexto, Llanes fue categórica al describir lo que considera un fenómeno social profundamente arraigado: “Hay como un comportamiento social completamente autoritario en relación a la libertad y el encierro”.

La frase sintetiza buena parte de su preocupación. El problema, desde su perspectiva, no se limita a la decisión individual de un juez, sino que involucra una cultura jurídica y social que tiende a identificar la prisión con justicia y la libertad con impunidad.

El desafío de cumplir la propia ley

Las declaraciones de Llanes dejan planteado un debate que trasciende la coyuntura penitenciaria: ¿qué sentido tiene contar con un sistema normativo que reconoce la excepcionalidad de la prisión preventiva si los propios operadores del sistema encuentran dificultades para aplicarlo?

La ministra no planteó la necesidad de una nueva reforma normativa como respuesta inmediata. Por el contrario, puso el énfasis en cumplir las reglas existentes y en construir una política criminal integral, sostenida en el tiempo y articulada entre las distintas instituciones del Estado.

Su diagnóstico es particularmente relevante porque proviene de una especialista en materia penal y, al mismo tiempo, de una integrante del máximo órgano judicial del país. Desde esa posición, Llanes expuso sin rodeos una de las tensiones centrales del sistema: la distancia entre las garantías consagradas en la Constitución y las leyes y la realidad cotidiana de los tribunales y las cárceles.

La discusión sobre el sistema penitenciario, entonces, no puede reducirse a la falta de infraestructura, al hacinamiento o a la necesidad de construir más establecimientos. El dato de que seis de cada diez personas privadas de libertad se encuentren bajo prisión preventiva obliga a mirar el problema desde otro ángulo.

La pregunta ya no es solamente cuántas cárceles necesita el país, sino por qué tantas personas están encerradas sin una condena firme y qué factores están llevando a los jueces a utilizar una herramienta que el ordenamiento jurídico concibe como excepcional.

El planteamiento de Llanes apunta precisamente hacia allí: reconocer que los tiempos cambiaron, que el crimen organizado presenta nuevos desafíos y que el Estado debe responder con inteligencia y coordinación, pero sin abandonar las garantías que el propio sistema constitucional estableció.

Porque, como dejó entrever la ministra durante el debate, el desafío no es solamente tener buenas leyes. Es animarse a cumplirlas.

Académicos analizaron el impacto de la prisión preventiva en Paraguay

La Jornada 2 «Nuevos Desafíos del Sistema Penitenciario» reunió este jueves 20 de agosto, en Asunción, a referentes del ámbito judicial, académico y criminológico, quienes debatieron sobre el uso de la prisión preventiva, la gobernanza criminal en las cárceles y los desafíos del Estado para recuperar el control efectivo de los establecimientos penitenciarios.

El encuentro fue impulsado por el Centro de Estudios Judiciales (CEJ), con apoyo de la Unión Europea, y puso en debate una problemática que trasciende la administración de las cárceles, debido a sus efectos sobre la Justicia, la seguridad pública y los derechos de las personas privadas de libertad.

Uno de los principales ejes fue el impacto de la prisión preventiva en la composición de la población penitenciaria y en la capacidad del Estado para administrar los establecimientos de encierro.

Prisión preventiva, un desafío para la Justicia

El primer panel, denominado «Hacia una nueva agenda del litigio cautelar: la prisión preventiva como desafío para la justicia penal», contó con la participación de la ministra de la Corte Suprema de Justicia, Carolina Llanes, y del jurista argentino Alberto Binder, especialista en Derecho Penal y Procesal Penal. La mesa fue moderada por María Victoria Rivas, directora ejecutiva del CEJ.

Llanes sostuvo que uno de los principales desafíos consiste en cumplir el marco normativo vigente. Recordó que la Constitución Nacional establece el carácter excepcional de la prisión preventiva y que esta disposición también está reglamentada en el Código Procesal Penal. En ese sentido, señaló que los magistrados deben aplicar la normativa sin sentirse condicionados por las presiones de las redes sociales.

La ministra también destacó algunas buenas prácticas desarrolladas desde el Poder Judicial, como la depuración de causas en el penal de mujeres del Buen Pastor, la implementación de audiencias telemáticas y los acuerdos orientados a mejorar la práctica judicial. No obstante, señaló que las audiencias virtuales todavía no se aplican de manera masiva.

Llanes consideró necesario avanzar hacia una política de Estado basada en datos y estadísticas, teniendo en cuenta que alrededor del 60% de las personas privadas de libertad se encuentran bajo prisión preventiva.

El debate permitió evidenciar que la prisión preventiva no constituye únicamente una decisión procesal, sino que también tiene consecuencias directas sobre el sistema penitenciario. Su aplicación influye en el crecimiento de la población carcelaria, las condiciones de los establecimientos y la capacidad institucional para garantizar una adecuada clasificación y custodia de las personas privadas de libertad.

Por su parte, Alberto Binder planteó alternativas para reducir la aplicación excesiva de esta medida cautelar y expuso aspectos de la experiencia argentina. Propuso establecer condiciones más concretas para el litigio, incluyendo límites al tiempo de permanencia en prisión preventiva y la obligación del Ministerio Público de precisar los motivos y el periodo requerido para mantener a una persona privada de libertad.

El jurista también planteó la necesidad de establecer parámetros más precisos para evaluar el riesgo de fuga, además de mecanismos efectivos de control de las medidas cautelares. Otro punto señalado fue la importancia de conocer la cantidad real de plazas disponibles en los establecimientos administrados por el Ministerio de Justicia.

Binder describió al sistema penitenciario como una «institución maldita», cuya administración resulta especialmente compleja debido a que implica gestionar a personas confinadas.

Cárceles bajo presión del crimen organizado

El segundo panel, denominado «Las cárceles como plataformas delictivas», trasladó la discusión hacia las dinámicas criminales que se desarrollan dentro de los establecimientos penitenciarios.

El doctor en Criminología Juan Martens expuso sobre la situación actual y la gobernanza criminal en las cárceles paraguayas. A su vez, el sociólogo brasileño Rafael Godoi presentó una mirada regional basada en la experiencia de Brasil y en el proceso de consolidación de plataformas criminales dentro de los centros penitenciarios. La mesa fue moderada por la abogada e investigadora Magda Azcona.

Martens señaló que actualmente las cárceles paraguayas funcionan como una «cárcel mercado», donde distintos servicios y condiciones de reclusión tienen un precio. Según explicó, desde atravesar un portón hasta acceder a una cama, medicamentos o un espacio dentro del establecimiento implica un costo. Esta situación, indicó, fue reflejada en una investigación realizada por el INECIP.

El criminólogo también cuestionó la falta de atención al papel de los jueces y juezas al analizar la situación de las cárceles y su sobrepoblación. Actualmente, el sistema penitenciario alberga a unos 20.300 reclusos, cifra que refleja la presión que soportan los establecimientos.

La experiencia brasileña aportó otra perspectiva al debate. Rafael Godoi analizó la prisión como plataforma delictiva desde el punto de vista sociológico y explicó cómo el endurecimiento de las políticas penales puede favorecer también la expansión de las organizaciones criminales.

Brasil cuenta con 964.074 personas privadas de libertad. En ese contexto, el especialista destacó la relación entre el encarcelamiento y la expansión de las redes criminales dentro de los establecimientos penitenciarios.

Jurista paraguayo, coautor de obra internacional sobre IA

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El abogado penalista, docente e investigador paraguayo Manuel Guanes Nicoli, es coautor de una publicación editada en Madrid que reúne aportes de especialistas de Iberoamérica y Europa sobre los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la prevención e investigación criminal. La obra fue presentada en Buenos Aires tras su lanzamiento en Madrid.

La inteligencia artificial está transformando no solo las actividades económicas y sociales, sino también los desafíos que enfrentan los sistemas de justicia frente a nuevas formas de riesgo y criminalidad. En ese contexto, el abogado penalista, docente e investigador paraguayo Manuel Guanes Nicoli participa como coautor de la obra colectiva La IA aplicada a los ilícitos económicos. Prevención e investigación criminal, una publicación internacional que reúne aportes de especialistas de Iberoamérica y Europa.

El libro tuvo su segunda presentación internacional este 19 de agosto, en el Colegio Público de la Abogacía de la Capital Federal, en Buenos Aires, luego de haber sido presentado inicialmente en el Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid.

Editada y publicada en Madrid por CUNIEP Editorial, la obra fue dirigida por Gustavo Darío Meirovich y Manuel Ruiz de Lara, y coordinada por Facundo Nicolás Laico. La publicación aborda desde distintas perspectivas jurídicas los desafíos que genera el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial en materia de prevención, investigación y respuesta frente a los ilícitos económicos.

El aporte paraguayo al debate internacional

La participación de Guanes Nicoli incorpora al debate la perspectiva de la doctrina penal paraguaya. Su contribución se centra en uno de los problemas jurídicos más complejos que plantea el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial: la determinación de responsabilidad penal cuando herramientas autónomas o generativas producen riesgos o resultados dañosos.

En su estudio, el jurista analiza los criterios que deberían considerarse para establecer cuándo un resultado lesivo relacionado con el uso de estas tecnologías puede ser atribuido penalmente a las personas que participaron en su desarrollo, integración o utilización.

El análisis adquiere especial relevancia ante las características de determinados sistemas de inteligencia artificial, cuya autonomía operativa, opacidad y comportamiento probabilístico pueden dificultar la reconstrucción de las decisiones que condujeron a un resultado dañoso.

El desafío de atribuir responsabilidad

Uno de los principales interrogantes planteados en el trabajo es cómo adaptar las categorías tradicionales del Derecho Penal a escenarios en los que intervienen sistemas capaces de ejecutar determinadas operaciones con distintos grados de autonomía.

La cuestión no pasa únicamente por determinar que existió un daño, sino por establecer quién puede ser jurídicamente responsable por ese resultado y bajo qué condiciones.

En este punto, el estudio advierte sobre la necesidad de evitar interpretaciones que terminen derivando en formas encubiertas de responsabilidad objetiva, incompatible con los principios fundamentales del Derecho Penal.

El avance de estas tecnologías obliga así a revisar los criterios tradicionales de imputación del riesgo y del resultado, sin perder de vista las garantías que deben regir cualquier atribución de responsabilidad penal.

Una discusión que trasciende fronteras

La publicación representa un espacio de intercambio jurídico internacional en torno a un fenómeno que evoluciona con rapidez y que plantea nuevos desafíos para los sistemas de prevención y persecución del delito.

La incorporación de autores provenientes de distintos países de Iberoamérica y Europa permite abordar la problemática desde diferentes tradiciones jurídicas y experiencias institucionales, al tiempo que contribuye a construir un debate común sobre los límites y responsabilidades asociados al uso de la inteligencia artificial.

En este escenario, el aporte de Manuel Guanes Nicoli posiciona a la doctrina penal paraguaya dentro de una discusión internacional que cobra cada vez mayor relevancia: cómo responder jurídicamente a los riesgos derivados de sistemas de inteligencia artificial sin trasladar automáticamente la responsabilidad a quienes simplemente se encuentran vinculados con su creación o utilización.

La obra plantea, en definitiva, que el desarrollo tecnológico exige respuestas jurídicas acordes con los nuevos escenarios, pero también cuidadosas de preservar los principios fundamentales que sustentan la responsabilidad penal.

Carolina Llanes: “La innovación no puede erosionar la dignidad del trabajador”

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La ministra de la Corte Suprema de Justicia, Carolina Llanes, destacó como un motivo de orgullo para Paraguay la realización, en suelo guaraní, del XXIII Congreso de la Asociación Iberoamericana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social «Guillermo Cabanellas», y subrayó la relevancia de un debate que, lejos de limitarse al ámbito académico, ya plantea desafíos concretos para la justicia laboral.

Durante la apertura del encuentro, Llanes valoró la pertinencia del lema «Trabajo digital y seguridad social en la era algorítmica: humanizar la innovación», al considerar que refleja una transformación profunda que atraviesa actualmente las relaciones laborales y los sistemas de protección social.

«El lema que convoca este evento, “Trabajo digital y seguridad social en la era algorítmica: humanizar la innovación”, no podría ser más oportuno», afirmó la ministra, al advertir que la incorporación acelerada de nuevas tecnologías está modificando tanto la dinámica empresarial como el funcionamiento de la propia administración de justicia.

En ese nuevo escenario, la inteligencia artificial comienza a incidir en decisiones que tradicionalmente estuvieron reservadas a las personas. Llanes puso como ejemplo los denominados despidos algorítmicos y el scoring laboral, mecanismos que plantean interrogantes jurídicos sobre los criterios utilizados para evaluar, seleccionar o desvincular a trabajadores y, especialmente, sobre las posibilidades de ejercer una defensa efectiva frente a decisiones automatizadas.

La ministra sostuvo que estos fenómenos interpelan directamente al principio de tutela judicial efectiva, uno de los pilares del Estado de derecho. El desafío para los tribunales, en consecuencia, no consiste únicamente en comprender las nuevas tecnologías, sino en determinar cómo aplicar las garantías jurídicas existentes frente a formas de organización laboral que muchas veces escapan a las categorías tradicionales.

Otro de los puntos señalados por Llanes fue el impacto de las plataformas digitales sobre las relaciones de trabajo. A su criterio, estas nuevas modalidades están «difuminando las fronteras del contrato de trabajo tradicional» y, al mismo tiempo, contribuyendo a multiplicar situaciones de informalidad.

La transformación tecnológica se suma así a problemas estructurales que ya afectan al mercado laboral y que ahora adquieren nuevas dimensiones. En paralelo, los sistemas de seguridad social enfrentan desafíos financieros y demográficos que ponen a prueba su sostenibilidad y obligan a repensar sus mecanismos de cobertura y protección.

Para la ministra de la Corte Suprema, estas cuestiones dejaron de ser escenarios hipotéticos o discusiones exclusivamente doctrinarias. «Para el Poder Judicial no son abstracciones académicas, son conflictos vivos que hoy día ya se encuentran en los estrados judiciales», enfatizó.

La afirmación coloca a la justicia laboral en el centro de un proceso de transformación que exige nuevas herramientas jurídicas y criterios de interpretación capaces de responder a conflictos derivados de la digitalización del trabajo.

En este contexto, Llanes remarcó la responsabilidad que recae sobre los magistrados laborales: garantizar que el avance tecnológico sea compatible con los derechos fundamentales. «Los jueces laborales estamos llamados a garantizar que la innovación no erosione la dignidad del trabajador», sostuvo.

Su reflexión sintetiza uno de los principales desafíos planteados durante el congreso: encontrar un equilibrio entre innovación y protección de derechos, de modo que la inteligencia artificial, los algoritmos y las plataformas digitales no terminen debilitando las garantías conquistadas históricamente por los trabajadores.

La presencia de representantes del ámbito judicial, académico y laboral en este encuentro internacional convierte a Paraguay en escenario de una discusión que trasciende las fronteras nacionales. El desafío común es construir respuestas jurídicas para una realidad laboral que cambia con rapidez, sin perder de vista que la tecnología debe estar al servicio de las personas y no a la inversa.

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