La distribución de las tareas de cuidado continúa reflejando profundas desigualdades de género. Así lo sostuvo la doctora Lorena Segovia durante una entrevista con Judiciales Net, en la que analizó los desafíos que plantea el reconocimiento del trabajo de cuidado no remunerado y su impacto en la vida de las mujeres.
Para la especialista en derechos humanos, la evidencia es contundente: las responsabilidades vinculadas al cuidado de niños, personas mayores, familiares enfermos y las tareas domésticas siguen siendo asumidas principalmente por las mujeres.
“Hay una enorme brecha de género en ese sentido”, afirmó Segovia al ser consultada sobre la distribución de estas labores en la sociedad actual.
La entrevistada explicó que esta realidad responde a una persistente división sexual del trabajo, que asigna a las mujeres el rol principal en las actividades de cuidado, mientras los hombres continúan concentrando una mayor proporción de su tiempo en actividades remuneradas.
“Las tareas de cuidado y las tareas domésticas siguen estando mayoritariamente en cabeza de las mujeres”, señaló.
Segovia advirtió que esta distribución desigual tiene consecuencias directas sobre la autonomía económica femenina y limita las oportunidades de desarrollo profesional.
Según explicó, cuando surge una situación de cuidado dentro del hogar, como la enfermedad de un hijo o hija, suele ser la mujer quien interrumpe sus actividades laborales para asumir esa responsabilidad.
“Muchas veces existe una grave merma o dificultades para el acceso al trabajo, para la permanencia e inclusive para los ascensos”, indicó.
La especialista sostuvo que estas barreras no siempre se presentan de manera explícita. En muchos casos, las condiciones exigidas por determinados empleos terminan afectando de forma desproporcionada a las mujeres.
“Las empresas no dicen abiertamente que no contratarán mujeres, pero las extensas jornadas laborales o la necesidad de realizar viajes frecuentes pueden convertirse en formas de discriminación indirecta”, explicó.
Una brecha que reflejan los datos
Los números también evidencian esta desigualdad. De acuerdo con los datos citados por Segovia, los hombres destinan cerca del 75 % de su tiempo laboral a actividades remuneradas y el 25 % a tareas no remuneradas. En contraste, las mujeres dedican aproximadamente el 61 % de su tiempo al trabajo no remunerado y apenas el 39 % a actividades remuneradas.
Para la investigadora, esta diferencia no solo refleja una distribución injusta de las responsabilidades familiares, sino que constituye un factor de exclusión económica.
“El trabajo de cuidado se convierte en una situación que limita la participación de las mujeres en el mercado laboral y restringe sus posibilidades de desarrollo”, advirtió.
El desafío de reconocer el trabajo de cuidado
A criterio de Segovia, avanzar hacia una distribución más equitativa exige tanto cambios culturales como la implementación de políticas públicas que reconozcan el valor social y económico de estas tareas.
Si bien consideró fundamental promover una mayor corresponsabilidad dentro de los hogares, remarcó que el Estado también debe asumir un papel activo en la construcción de sistemas de cuidado más inclusivos.
“No basta con promover que las tareas domésticas y de cuidado sean compartidas. También es necesario adoptar medidas que permitan reconocer y valorar el trabajo de cuidado”, sostuvo.
En ese contexto, la reciente Opinión Consultiva emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos representa un paso relevante para instalar en la agenda pública y jurídica un debate largamente postergado.
Se trata de una actividad históricamente invisibilizada, pero indispensable para el sostenimiento de la vida cotidiana, el funcionamiento de la economía y el bienestar de toda la sociedad.










