Desde el pasado 14 de enero está vigente el Registro Unificado Nacional (RUN), un sistema que fusiona catastro y registros públicos y redefine cómo se compran, venden y aseguran los inmuebles en Paraguay.
Durante décadas, comprar una propiedad en Paraguay implicó recorrer oficinas, cruzar datos que no siempre coincidían y asumir un riesgo silencioso: que el terreno tuviera más de un título, un error catastral o una mensura incompatible.
Ese esquema empezó a cambiar el 14 de enero de 2026, cuando entró oficialmente en funcionamiento el Sistema Nacional Unificado Registral y Catastral y su órgano operativo, el Registro Unificado Nacional (RUN).
El nuevo sistema concentra en una sola estructura funciones que antes estaban fragmentadas entre la Dirección de Registros Públicos, el Servicio Nacional de Catastro y áreas técnicas del MOPC. El objetivo es simple en el papel, pero ambicioso en la práctica: que cada inmueble tenga una sola identidad jurídica y física, y que el Estado deje de producir títulos que se superponen.
La ley que crea el RUN establece que el registro de inmuebles y el catastro pasan a funcionar bajo un mismo criterio técnico, con una base de datos integrada que cruza ubicación, mensura, titularidad y antecedentes. En términos prácticos, esto apunta a reducir uno de los problemas históricos del mercado inmobiliario paraguayo: que una propiedad pueda ser vendida, heredada o hipotecada con información incompleta o contradictoria.
Para los ciudadanos, el cambio más visible es la concentración de trámites. Donde antes era necesario peregrinar entre instituciones, ahora el proceso se canaliza en una única plataforma administrativa, con la promesa de plazos más cortos y mayor previsibilidad. Para quienes compran una casa o un terreno, el RUN incorpora un principio clave: la publicidad de las superposiciones existentes, de modo que el riesgo sea visible antes de firmar.
El impacto también es relevante para las empresas, desarrolladores e inversores. La unificación de datos catastrales y registrales busca reducir la incertidumbre jurídica que encarece proyectos, retrasa financiamientos y frena operaciones inmobiliarias. En el diseño del sistema subyace una idea central: sin seguridad registral, no hay inversión sostenible.
La implementación, sin embargo, no estuvo exenta de tensiones. En las semanas previas a su puesta en marcha oficial, se registraron demoras en la fiscalización electrónica de escrituras públicas, especialmente por la adaptación al nuevo esquema digital. El propio RUN reconoció que algunos trámites llegaron a retrasarse hasta diez días, una situación agravada por feriados y asuetos de enero.
Ese cuello de botella obligó a realizar ajustes. La Corte Suprema y representantes del Colegio de Escribanos acordaron un mecanismo de fiscalización simplificada mediante declaraciones juradas, que reduce drásticamente los tiempos de revisión. El objetivo es que el sistema no solo sea más seguro, sino también más ágil que el modelo anterior.
Más allá de la coyuntura, el RUN introduce un cambio de fondo: la registración deja de ser un trámite meramente formal y pasa a ser una instancia de control integral. El Estado asume que cada inscripción debe transmitir confianza, tanto al paraguayo que compra un terreno como al inversor que evalúa radicar capital en el país.
En ese sentido, el nuevo registro no se limita a ordenar las escrituras. Apunta a convertirse en un repositorio de información estratégica sobre la propiedad, con impacto directo en políticas tributarias, planificación territorial y desarrollo urbano. La trazabilidad de los inmuebles deja de ser un problema técnico y se vuelve una herramienta de gestión pública.
El RUN todavía está en fase de ajuste. Persisten desafíos operativos y resistencias propias de cualquier reforma estructural. Pero el cambio ya está en marcha: por primera vez, catastro y registro hablan el mismo idioma.
Si el sistema logra consolidarse, el efecto será profundo. Menos conflictos por la tierra, menos juicios interminables, menos títulos dudosos. Y, sobre todo, un mercado inmobiliario donde el riesgo deje de ser una regla tácita y pase a ser una excepción visible.











