La captura del uruguayo Sebastián Marset, el pasado viernes 13 de marzo en territorio boliviano, expuso la magnitud de un imperio criminal que operaba con amplia libertad en la región. El narcotraficante había convertido a la ciudad de Santa Cruz en su principal centro de operaciones, alternando su presencia con Paraguay y amparado por una red de seguridad que le garantizaba impunidad y capacidad de fuga inmediata.
Las autoridades identificaron tres viviendas utilizadas para la planificación de actividades ilícitas y el tráfico de drogas, además de otra destinada exclusivamente a actividades recreativas. Entre los bienes incautados figuran diez vehículos de lujo, cuatro de ellos blindados. Uno de los más llamativos es una camioneta Mercedes-Benz blanca con blindaje nivel 7 y cápsula de seguridad, capaz de resistir impactos de proyectiles de alto calibre e incluso explosiones. Su valor estimado supera los 3 millones de dólares, considerando tanto el precio de mercado como los accesorios de última generación.
El operativo permitió además el decomiso de 21 armas largas, entre ellas fusiles, rifles con miras telescópicas y escopetas, así como ocho granadas de uso militar. También se incautaron municiones calibre .50, capaces de perforar estructuras de gran resistencia, y cargadores con capacidad para hasta 100 proyectiles. A esto se suman importantes cantidades de marihuana.
El despliegue policial alcanzó igualmente el ámbito aéreo. En total, se incautaron 16 aeronaves, entre ellas una moderna Beechcraft bimotor que llevaba en la cola el símbolo de una corona, emblema personal de Marset, quien se hacía llamar “El Rey”. En Santa Cruz, las fuerzas de seguridad intervinieron un aeródromo con tres hangares donde se ocultaban avionetas presuntamente vinculadas al narcotráfico.
Durante los procedimientos fueron aprehendidos cuatro extranjeros: dos venezolanos, un colombiano y la uruguaya Tatiana Verónica Marset Alba, quien sería familiar del detenido. Además, se allanó otra vivienda perteneciente a la estructura, donde se encontraron armas de grueso calibre, chalecos antibalas y otro vehículo blindado.
Uno de los hallazgos más llamativos fue el de máscaras hiperrealistas de silicona, utilizadas para evadir controles de identidad. Estas piezas reproducen con notable precisión rasgos faciales, arrugas y texturas de la piel, lo que les permite engañar incluso a sistemas de reconocimiento biométrico.
La captura de Marset provocó la huida de varios integrantes de su organización, cuya cantidad aún no ha sido determinada. El golpe económico supera los 15 millones de dólares y representa un duro revés para una estructura criminal que, según organismos de seguridad, operó durante años en Bolivia y Paraguay con distintos niveles de protección.











